El dolor la inspiró para escribir la carta más bella


La misiva que le escribió Mariluz Uribe de Holguín a Dios, en quien no cree porque "le arrebató a su hijo", fue elegida como la mejor entre casi 1.500. Historia de un duelo que no cesa.

JOSÉ ALBERTO MOJICA P.
REDACTOR DE EL TIEMPO

Publicada en El Tiempo el 23 de enero de 2008

“Cada vez que alguien que uno quiere se muere, uno también se muere un poco. Ya son 20 años sin él. Pero como dice el tango: 20 años no son nada”.
Cuando su hijo Jorge falleció, hace ya dos décadas, Mariluz Uribe de Holguín encontró en la escritura el único refugio para no desquiciarse en el duelo. Un duelo que no cesa. “Como el de cualquier madre que pierde a un hijo”.
Y desde entonces su pluma, desbocada, no ha parado de escribir. Ya tiene un libro completo en el que narra cómo fueron los primeros años de infinita ausencia sin su hijo, al igual que fragmentos del diario que él mismo escribió durante una agonía en la que la vida que se le extinguía lentamente. Su cuerpo se fue paralizando músculo a músculo. Espera que alguna editorial se lo publique.
“Tenía 33 años cuando llegó con Pafi, su osito de felpa, a barrer las nubes y a poner las estrellas en su sitio. La edad de Cristo”, recuerda la mujer, nacida en Medellín e hija del designado a la segunda presidencia de Alberto Lleras (figura de vicepresidente de la época), el jurista Ricardo Uribe Escobar.
“Uno no olvida, lo que pasa es que piensa menos”, dice Mariluz, autora del texto ganador dentro de la segunda edición del concurso ‘La más bella carta de amor’, convocado por la floristería don Don Eloy, Aviatur y Montblanc, y en el que se inscribieron cerca de 1.500 colombianos.
Más que de amor, su carta fue de dolor. Por eso pensó que tenía pocas opciones de ganar.

Letras para Dios
Su destinatario fue Dios, a quien en medio de sus versos le reclamó por haberle arrebatado a su hijo: un brillante joven matemático, cuentista, bailarín, dibujante y teatrero. Cuando falleció estaba en Copenhague (Dinamarca), donde tenía una compañía de teatro. Hasta allá llegó Mariluz con su otra hija a acompañarlo en su lecho de muerte.
Antes de continuar con la entrevista, Mariluz advierte que hay cosas que en su familia no se pueden preguntar: la edad, la política y la religión. Y aclara, además, que el único libro al que no tuvo acceso en casa fue a la Biblia. Por eso confiesa que no cree en Dios.
-Y si no cree en Dios, ¿por qué le escribió a él?
-Porque dicen que él es el que se lleva a la gente que se muere.
“Te hacía falta quién te llenara el cielo de cuadros coloridos, quién te escribiera cuentos y te los leyera (…) “Dios tiene una deuda pendiente conmigo”. Así termina la misiva.
Mariluz explica que con esa frase dejó claro que espera una respuesta contundente y razonable.
-¿Y Dios cómo va a hacer para responderle la carta?
-No sé. ¿Acaso él no es todopoderoso?
Mariluz, formada en filología (para entender la palabra), psicología (para entenderse a sí misma) y teología (para buscar a un Dios que no encontró), afirma que no conoce la palabra perdón.
“Hay tantos viejitos que se quieren morir –o nos queremos morir-, y tanta gente mala que debería morirse, y preciso se muere mi Jorge en el mejor momento de su vida”.
Por tanto, es tajante al insistir en que no perdona al Dios al que no venera por habérselo llevado a “sacudir la lluvia, a formar copos de nieve”.
-¿Qué va a hacer con los regalos del premio?
-El lapicero de Montblanc ya se lo regalé a mi amado preferido. El viaje, aún no sé, de pronto resultará como el de Ulises: largo. Aunque a él lo esperaban, a mí no.
-¿Y con las rosas? (le enviarán rosas cada 15 días)
Las llevaré al cementerio, y dejaré algunas para los hospitales y las cárceles. O las deshojaré por los caminos que recorra.

Modelo, presentadora y columnista
Escribir ha sido el motor de Mariluz, quien se casó con Jorge Holguín Pombo, nieto del presidente Jorge Holguín Mallarino. Tiene una columna desde hace varios años en el periódico antioqueño El Mundo, en la que aborda temas de actualidad con el tono crítico e irreverente que la caracteriza.
También fue modelo de pasarela y fotografía, y presentadora de varios programas de televisión. En la década del 60 fue elegida dos veces por EL TIEMPO como una de las mujeres más elegantes de Bogotá.
Por estos días estudia alemán y va a clases de tango, y promueve la página de Internet que creó en honor a su hijo, y en la que aparecen sus escritos, sus dibujos y el libro que escribió en su memoria: http://www.jorgeholguinuribe.com/



Carta a Dios
Te llevaste a mi niño,
nuestro niño, el hijo de mi
marido y mío, el hermano
de su hermana, el amigo de
sus amigos, el compañero de
su amiga, el cuñado, el
nieto, el tío, el sobrino.
El profesor, el bailarín, el
teatrero, el escritor, el
dibujante...
Te hacía falta quién te
llenara el cielo de cuadros
coloridos, quién te
escribiera cuentos y te los
leyera, quién bailara y
actuara para ti.
Quién te divirtiera con su
ingenio, con su risa.
Quién te ordenara y
decorara el cielo, quién
hiciera las fiestas de
bienvenida para todos los
nuevos inquilinos.
Quién se encargara de los
libros, las velas, la música,
los postres, y de mover la
luna.
Quién diseñara lo que
aún no se había inventado.
Quién llenara ese vacío de
santa monotonía, y acaso de
falta de novedad que a lo
mejor respira por allá.
Jorge llegó con Pafi, su
osito de felpa, a barrer las
nubes y a poner las estrellas
en su sitio.
A sacudir la lluvia, a
formar copos de nieve.
Y a hacer que el sol
brillara más claro por su
propia transparencia.
Jorge llegó con su verdad,
según tu voluntad. A
conversar contigo.
A oírte...y a que lo oyeras.
Una vez él había escrito
una ‘Oración a Diosesito’,
tú debes conocerla...
Él te llamaba así,
‘Diosesito’, y escribió en su
diario: “Yo sabía que tenía
que darle el regalo de mis
danzas a la gente y a
Diosesito”.
He oído que mucha gente
te da las gracias a ti, Dios,
por una cosa, otra y la de
más allá.
Pero esta vez toca que Tú,
Dios, me las des a mí o
nuestra cuenta sigue
pendiente.

Formal saludo.
Mariluz Uribe de
Holguín

1 comentarios:

Ufff..... qué conmovedor!!... Me gustó mucho esta crónica, tiene mucho sentimiento y mucho amor!. Jenny.

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